Anna Font, cuadros con corazón

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Anna Font es una pintora profesional que cada fin de semana muestra parte de su obra pictórica como otros tantos artistas en la popular y céntrica plaza barcelonesa de Sant Josep Oriol a la sombra de la cautivadora basílica gótica del Pi. Como colega invitado nunca falta el autor teatral Ángel Guimerà sentado en su poltrona en su regia estatua.

Nacida en la capital catalana (1969) en su página web: https://annafont.es/ podemos leer que se considera una pintora contemporánea y diseñadora de imágenes de estilo neo-surrealista figurativo. Las etiquetas son necesarias, hasta cierto punto, porque así sabemos de qué estamos hablando, pero, personalmente, en el campo de la pintura, hay que verlo para creerlo, lo que diría el proverbio.

Anna Font es la explosión del color, de la intensidad, de la alegría. Porque un cuadro suyo te envolverá en su universo. Y si un pintor (o pintora) consigue eso… ¿qué más puede pedir? Aunque no se entienda de arte (incluido yo) muchas personas podemos reconocer fácilmente un Picasso, un Dalí, un Van Gogh, aunque no hayamos visto un cuadro suyo en concreto. Eso es lo que a muchos artistas los hace únicos, singulares y auténticos.

Hablando de genios, también son reconocibles los “padres artísticos” de Anna; Miró, Gaudí y Dalí, catalanes como ella. Su originalidad no sólo reside en sus cuadros, en sus mundos oníricos, en sus paisajes cautivadores de líneas curvas. Podría pensarse que su arte se fundamenta en su creatividad e imaginación, que también, pero su arma secreta es el soporte en el que plasma sus obras: la seda.

Su arte es el reflejo de su persona, (ignoro si es así en todo el colectivo artístico). En su caso, lo que pretende con su obra lo encuentra doblemente, como artista y como ser humano. Porque su propósito no es sólo pintar porque le gusta (algo obvio), sino transmitir un abanico de sentimientos y emociones positivas y cálidas; equilibrio, armonía, belleza, sorpresa, indagar en la curiosidad y en la alegría vital del niño que todavía llevamos dentro (lo hayamos olvidado o no).

Su afición artística la descubrió en la infancia copiando tebeos y dibujos animados televisivos. Y como adolescente se acabó de enamorar del arte pictórico con libros paternos de Dalí y Josep Pla, claves para hallar su verdadera vocación; convertirse en una dibujante y pintora profesional. Esto le llevó a estudiar en la escuela Llotja de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Barcelona, especializándose, por un lado, en tejidos artísticos, y, por otro, en técnicas pictóricas y murales.

El año 2000 marcó un antes y un después en su trayectoria (y no porque cambiáramos de siglo y milenio) al recibir un gran encargo para pintar una obra sobre la ciudad condal. Sin saber como ni porqué, cuenta en su web que “este hecho despertó en mí, un deseo y una tentación enorme de pintar en seda, técnica que descubrí diez años antes en la escuela Llotja de Barcelona”. La seda le dio ese empujoncito necesario para amar el color y dar a luz un nuevo estilo que marca el sello de calidad y la diferencia de su obra.

Una década después, pudo dedicarse exclusivamente a pintar sobre seda dando rienda suelta a su imaginación y visiones oníricas, ya sean paisajes y ciudades; Barcelona, Costa Brava, Girona, el Mediterráneo, etc, ya sea por mundos planetarios con sus habitantes propios o experiencias emocionales de la vida diaria.

Y llegó el corona-virus en 2020, confinada, lejos de estancarse, Anna se reinventó con la creación de unas pulseras, llamadas Flash de llum (flash de luz) pintadas en diferentes tejidos, con estilos variados enfocado tanto a público infantil como adulto.

Sin quererlo ni beberlo, nos abre otros mundos, cercanos a la moda, del que hacía tiempo se sentía atraída y, así, de paso, volver a iluminar el mundo ofreciendo esperanza, alegría y vitalidad frente a la terrible pandemia.

Más info en su web: https://annafont.es/