El mundo de ayer. Memorias de un europeo, de Stefan Zweig

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Leer biografías o, como en este caso, autobiografías, es un ejercicio de invasión a medias. Te cuelas en la vida de alguien, con o sin permiso, y, personalmente, me suelo creer todo lo que me cuentan. ¿Por qué deberían mentir? ¿Para que la historia les absuelva? Es evidente que para interesarse por leer la vida de alguien debe, al menos, caerte bien, admirarlo, o que se haya dedicado a algo con lo que te identifiques o te agrade. Doy fe que no todas las autobiografías me han entusiasmado y eso que sus autores (normalmente hombres) “prometían” una vida plagada de acontecimientos dignos de contar. Por cierto, ¿Un escritor puede llevar una vida apasionante? Pues sí.

Stefan Zweig es un ejemplo. Fue un escritor austriaco que vivió entre 1881 y 1942, un período de la historia europea tan atrayente como vergonzoso. Hay autores que al repasar sus vivencias, pasan muy por encima su contexto histórico, y, por el contrario, existen otros que la historia no se puede entender sin ellos. Éste es el caso de Zweig, que más que las memorias de un hombre, son de una sociedad, no es casual el título de El mundo de ayer. Porque cuando se viven suficientes años se experimentan diferentes realidades, la evolución y los cambios son imparables, sin saber muy bien si positiva o negativamente. El autor de Carta de una desconocida, posiblemente su obra más popular, nos traslada a esa Austria de fin de siglo tan contradictoria. Con una explosión cultural envidiable en las artes; arquitectura, teatro, música, literatura, la invención del psicoanálisis de Freud, etc. con un imperio (el astrohúngaro) que agonizaba junto con un anciano al mando y una sociedad conservadora y reacia a cualquier tipo de cambio.

El joven Zweig enamorado de este panorama sueña con sus amigos con ser un gran poeta, y se decanta por la literatura. El éxito lo sorprende temprano con lo que se empieza a codear con ídolos que hasta hacía poco le parecían inalcanzables; actores, dramaturgos, poetas, etc. En su juventud se suceden viajes; París, Inglaterra, Holanda, Bélgica, España e incluso su afán de conocimiento le lleva hasta la lejana India, América y África. Publica sus primeros libros, elabora obras teatrales, en las que, el destino quiso, que no pueda estrenar con los mejores actores del momento, ni Alemania ni Italia debido a casuales (o no) fatalidades y decide abandonar el teatro para recuperarlo mucho después). Esa vida aventurera y desapegada le llevó a conocer a nombres de la intelectualidad del momento: unos más conocidos y otros no tanto, como Walter Rathenau, escritor y político que sería asesinado tras la Gran Guerra, el literato Romain Rolland, como al final de sus respectivas vidas a Freud, incluso a un todavía joven Dalí.

El mundo de ayer es un manual de historia de Europa que sirve para entender cómo un ciudadano culto y comprometido se topó, sobre todo, con los dos sucesos más ignominiosos de los últimos siglos. Su decidida esperanza en el género humano, que poco a poco se va desvaneciendo, marcha en paralelo con su caída en desgracia: de ser uno de los grandes autores a nivel europeo más vendedor y traducido a prohibirse sus obras por los nazis debido a su condición judía. Judíos, según él, que en el momento del auge del nacionalsocialismo, era una comunidad desunida y con unos ideales vagos, pero que atesoraban cuantiosas riquezas que fueron el objetivo de Hitler y sus secuaces. Por cierto, su ascenso, según Zweig, hubiera sido imposible por generosas fuentes de financiación conservadoras.

¿Y qué queda de su vida privada? Pues, paradójicamente poco. Con cuentagotas aparece su vida amorosa; su primera mujer, así como la segunda y sus confesiones sobre gustos y aficiones. De joven, por ejemplo, se habituó a leer antes de dormir, cuanto más quería a alguien, más respetaba su tiempo, y en lo referente a la literatura echó pestes de la mayoría de los libros a lo que les sobraban páginas y páginas a causa de descripciones inútiles y vacías.

En este sentido, las más de 500 páginas son todo lo contrario, un alarde de escritura que incluso se hace corto, y, como buen libro, no quieres que se acabe. Hablando de terminar, el libro llega a su fin cuando ya ha empezado la Segunda Guerra Mundial, el mundo que conoció ya no existe, huyendo de un lado a otro; Londres, Brasil… Un año antes de morir lo dejaría listo para ser publicado, pero desgraciadamente no lo vería en las librerías porque finalmente se exilió a Brasil con su mujer y allí cual tragedia griega se suicidaron los dos con veneno, convencidos que los nazis ganarían la guerra y que el mundo que se avecinaba no valía la pena vivirlo. Un triste final.